Josse van der Rest, sj (1924-2020)

Josse van der Rest, sj (1924-2020)

Ana Sugranyes, Santiago, Chile, 25 de julio de 2020

En estos días de pandemia, perdimos a un gran personaje de las luchas por el suelo y por la vivienda en América latina, Asia y África: el Cura van der Rest. Su organización Selavip, Servicio latinoamericano, asiático y africano de vivienda popular, es parte de HIC.

Conozco a Josse desde mediados de los años 70, en los Países Bajos, en las esferas de preparación de la primera Conferencia Hábitat (Vancouver, 1976), a la cual él llegó gritando el “52% del mundo sin casa”, su libro de gran tiraje (1973), sobre las condiciones de hacinamiento que sufría la mayoría de la gente en todas partes. Lo mismo que ahora en tiempo de pandemia.

Josse, de origen belga, viene de una familia de ricos industriales de la construcción (Eternit). Entró a la Compañía de Jesús en 1944 y fue delegado a Chile en 1958, donde residió desde aquel entonces, cuando no viajaba por el mundo.

El español y las duras condiciones de vida de la gente, las aprendió viviendo en campamentos de Santiago, los asentamientos surgidos de la “toma” y del empeño de la autoconstrucción. Ahí aprendió un idioma barroco, de la calle, sin gramática ni literatura, lleno de palabrotas.

 

Desde principios de los años 60 del siglo pasado, la obsesión por la vivienda marcó la práctica de van der Rest: el espacio doméstico, en la dignidad, para la vida, para la familia, para la educación, para la localización en la ciudad.

 

 

Una praxis marcada, a grito y pelea, por el rechazo de toda forma de especulación del suelo, que excluye al pobre y su necesidad de vivir en la ciudad; y por el aporte de una semilla en el inicio del largo proceso de autoproducción asistida del hábitat: la entrega de una “mediagua”, una casita de madera de 3 por 6 metros.

En Chile, el Cura van der Rest es muy conocido por su trabajo en el Hogar de Cristo, por la Fundación Vivienda y su gran planta de prefabricados de madera en La Pintana, entre las Uvas y el Viento; por haber apoyado directamente grandes tomas de terreno, como la del Cardenal Silva Henríquez en 1983. En sus peleas en contra de las autoridades en plena dictadura, se le oía gritar: “Hay que hacer el payaso para que entiendan algo estos weones”. En los años 90, inventó una intervención de mejoramiento en los barrios populares: romper la inercia de la precariedad, instalando una pieza sobre palafitos y facilitando así la acción de regeneración de la vivienda.

A principios de los años 70, el Cura van der Rest, con varios amigos jesuitas en América latina – entre ellos, Alberto Jiménez de Servivienda (Bogotá), Antonio Ibáñez de Fundasal (San Salvador), el Pichi en Buenos Aires, Carlos Pozzo de Circa (Arequipa), Tío Paco García en Guayaquil – y con el apoyo de Misereor, en especial de Eike Schütz, creó el Servicio latinoamericano de vivienda popular, Selavip. Organización que posteriormente se extendió en Asia – por el trabajo de otro jesuita, Jorge Anzorena y de sus principales socios, la Somsook Bonyabanch de Tailandia y Bimbo Fernandez de Filipinas –; más tarde en África – por el trabajo de Joan Mac Donald.

La proyección internacional de Josse van der Rest y de Selavip se multiplicó con centenares de viajes, en el mundo entero y en todos los debates habitacionales de por haber. Viajaba liviano, con un bolso colgado del hombro, en el cual había su almohada, una biblia y la maqueta de una de las 500 mil mediaguas facilitadas por la Fundación belga, del mismo nombre, que debe haber apoyado proyectos de decenas de miembros de HIC en todas partes.

Reunión de Selavip, México, 1977
Reunión de Selavip, México, 1977

 

 

Foro DSE, Berlín, 1983